Monica Bellucci elige sus papeles ‘por instinto’

La actriz de 61 años se siente atraída por el ‘elemento sorpresa’ y aceptará encantada un pequeño papel en una película si eso la hace sentir ‘libre’ y le ofrece la oportunidad de hacer algo diferente.

Monica Bellucci elige sus papeles “por instinto”.

La actriz de 61 años se siente atraída por el “elemento sorpresa” y aceptará encantada un pequeño papel en una película si eso la hace sentir “libre” y le ofrece la oportunidad de hacer algo diferente.

En declaraciones a Variety, comentó: “Cuando trabajé con David Lynch en Twin Peaks, solo tuve una escena. Pero a veces, realmente no importa si es un papel pequeño. Simplemente me gusta tener libertad. Lo que me gusta de mi trabajo es el elemento sorpresa. Me gusta cuando los directores me presentan ideas que no se me habían ocurrido, a pesar de llevar tantos años en esto. Sigo sintiendo la misma ilusión y pasión por mi trabajo”.

La actriz de Spectre se siente “afortunada” de seguir trabajando y cree que los intérpretes mayores pueden aportar mucho a un papel, algo que no podían hacer cuando eran más jóvenes.

Ella dijo: “Nuestros cuerpos cambian, por supuesto, pero podemos expresar otros aspectos de la vida que antes no podíamos. Jamás habría podido hacer The Birthday Party a los 30 o 40 años. Necesitaba más experiencia para plasmar este tipo de emociones. Hoy en día, las actrices tenemos la gran suerte de poder seguir trabajando incluso siendo adultas. Antes era imposible tener una carrera después de los 40. Es un proceso lento, pero las cosas están cambiando”.

Pero Mónica insistió en que su “vida” es más importante que su trabajo.

Añadió: “Me encanta lo que hago y estoy muy agradecida de seguir teniendo la oportunidad de hacer cosas interesantes. Pero la vida es más importante. La vida es más fuerte que el arte”.

Próximamente, podremos ver a Monica en Ketticè, de Giovanni Tortorici, una obra que narra la historia del adolescente Giulio y su madre, quienes se van perdiendo cada vez más en sus propias vidas. Ella disfrutó mucho la oportunidad de hacer algo muy diferente a sus trabajos anteriores.

Así lo dijo: “Nunca he hecho nada parecido. Estaba en el plató en pijama, con un cuchillo en la mano y zapatillas en los pies. Fue interesante interpretar a esta esposa y madre que representa la angustia y la frustración que se esconden tras la aparente perfección de la decadente alta sociedad. Es una mujer infeliz, amargada, con una especie de rabia, pero no tiene forma de canalizarla. Ella intenta compensar esta frustración comiendo pastelitos y gritando sin parar. A veces, la situación se vuelve casi cómica. Existe una verdadera incomprensión generacional entre ellos dos”.

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